La renta de la ida y todo el ambiente previo nos hacia pensar que viviríamos un partido más o menos tranquilo, y que con más o menos sufrimiento pasaríamos, pero nadie pudo imaginar lo que empezó pasando. En el minuto 14 el Valencia ya nos había metido el primer gol, y en el minuto 25 ya nos habían igualado la eliminatoria 2-2. Ahí todo empezó a verse más oscuro, sobretodo en el minuto 70, cuando nos dieron el golpe final con el 3-0, ahí estábamos fuera de Europa. Pero las cosas empezaron a cambiar a partir de ahí, decisiones erróneas del Valencia y una mejoría sevillista hicieron posible que nos acercáramos más a la meta valenciana. Hasta que llegó el minuto mágico, ese minuto 94, donde nos lo teníamos que jugar a todo o nada. Era la última jugada, el gol suponía el pase, el fallo suponía acabar con el sueño europeo de todo el sevillismo, y ahí centró Coke, prolongó Fazio, y Mbia remató para clavarle un puñal mortal al Valencia en forma de gol.
A partir de ahí todo es indescriptible, hace falta imágenes para entender todo el éxtasis sevillista, la piña del equipo celebrando el gol, la carrera loca de Emery hasta el centro del campo celebrando el gol, la afición sevillista celebrando el gol en medio de un Mestalla que se quedó mudo, tras días de alegría y de creerse que nos iban a remontar.
La cita con la historia será el 14 de mayo a las 20:45 en el Juventus Stadium, donde nos enfrentaremos al todopoderoso Benfica, pero donde tenemos que ganar sí o sí, porque recordemos eso de hace unos años... Los sueños se cumplen.


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